Uno de los fenómenos sociales que está atrayendo mayor atención entre la comunidad científica es el de la cooperación en Internet. Manuel Castells (2001), en su obra pionera sobre lo que él denominó “La Galaxia Internet”, ya ponía el acento sobre la cooperación entre las tecno-élites y entre los hackers (programadores expertos), referido a la contribución desinteresada al desarrollo de un sistema tecnológico o “de software en la red en espera de una reciprocidad” (Castells, 2001:62).

No obstante, la cooperación va más allá de las innovaciones en software o de los expertos en programación. Actualmente, Internet es un reflejo de la realidad, en la que sin tener grandes conocimientos en informática, cualquier persona puede subir información de todo tipo y compartirla. En este sentido, el fenómeno de la enciclopedia online Wikipedia es el ejemplo más destacable de cooperación en la red.

Pero la cooperación tampoco se limita a Wikipedia. Así, de qué otro modo puede describirse muchos blogs de una gran calidad, en la que sus autores comparten de manera gratuita sus conocimientos sobre todo tipo de temáticas, desde la utilización de las hojas de cálculo hasta recetas de cocina, o los portales (tal vez menos loables) de descarga gratuita de películas, en los que personas anónimas comparten con todo el mundo películas pirateadas.

No obstante, al hablar de cooperación de este modo, estamos asumiendo muchos supuestos que requieren un análisis en mayor profundidad.

En primer lugar, ¿qué es la cooperación?

Pese a no existir un consenso acerca del concepto de cooperación, voy a arriesgarme a definirla como la coordinación o la puesta en común de unos recursos (tangibles e intangibles) por parte de un grupo de agentes (ya sean individuos, empresas, países) para alcanzar un objetivo compartido, en lugar de intentar conseguir ese objetivo de manera separada y compitiendo entre ellos.

Alrededor de esta definición orbitan ciertos aspectos controvertidos, especialmente aquellos relacionados con la intención de los agentes y la reciprocidad. ¿Puede hablarse de cooperación cuando no se comparte un objetivo común? ¿Puede hablarse de cooperación cuando no hay reciprocidad directa? Trataré estos temas más adelante.

En segundo lugar, ¿cuáles son las bases de la cooperación?

Explicar la cooperación nos llevaría, de hecho, a la necesidad de explicar las interacciones humanas. No iremos tan lejos. Por ahora, nos conformaremos con la explicación aportada por uno de los cuerpos teóricos con mayor peso entre sociólogos y economistas: la Teoría de la Elección Racional. Según ésta, los individuos actúan en función de sus preferencias y de las expectativas que tengan acerca de las acciones de los otros individuos, con el objetivo de maximizar sus beneficios (reales o imaginarios).

Teoría en mano, parece que los individuos están condenados a vivir en un mundo competitivo, en el que la cooperación se explica mayoritariamente por lazos de parentesco, o en aquellos casos en los que una autoridad superior impone unas normas y castiga a los que no las cumplen.

No obstante, la cooperación desafía una y otra vez a la teoría, demostrando que sociólogos y economistas están pasando por alto variables hasta ahora no tenidas en cuenta. Así, Elinor Ostrom muestra a lo largo de su extensa obra cómo el estudio empírico de la acción colectiva puede revelar que la cooperación es mucho más común de lo que la teoría predice (Ostrom, 1998).

Steven Johnson (2010), en su libro “Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación”, nos muestra cómo a partir de 1800, el patrón dominante a partir del cual surgen mayores innovaciones es el que él denomina como “no mercantil / red”. Por “no mercantil”, hace referencia a la intención de los inventores de que sus ideas fluyan, y por “red” se refiere al hecho de que las innovaciones no son producto del típico inventor solitario que tiene una gran idea, sino que han ido “evolucionando a partir de procesos colectivos y distribuidos, con gran cantidad de grupos de personas trabajando en el mismo problema” (Johnson, 2010:234).

Las innovaciones surgidas a partir de este patrón se podrían describir como el resultado de una red de interacciones entre diferentes individuos, en la que cada uno contribuye con diferentes aportaciones en momentos diferentes. Para Johnson (2010), este patrón se ajustaría al sistema de investigación académica llevada a cabo en las universidades, donde las nuevas ideas se hacen públicas, permitiendo así que otros trabajen a partir de ellas, siempre y cuando se respete la regla de citar convenientemente la fuente.

Del mismo modo, Castells (2001), al describir la evolución de Internet, nos habla de un proceso similar, en el que las tecno-élites y hackers publican abiertamente en la red las mejoras hechas en productos, a su vez, mejorados anteriormente por otros. Justamente, estos avances que derivaron en la creación de Internet se dieron en el seno de universidades, centros de investigación e instituciones gubernamentales.

Las bases que explicarían este continuo crecimiento de Internet serían las propias de una red abierta, descentralizada y multidireccional (Castells, 2001:43), y en este mismo sentido se expresa Johnson (2010) al tratar el tema de la innovación. Así, según este autor, los patrones de la innovación de tipo “no mercantil – red” “se manifiestan mejor en entornos abiertos donde las ideas fluyen a través de canales no regulados” (Johnson, 2010:247). En el lado opuesto, se situarían los entornos controlados, que impedirían la conexión y comunicación entre los diferentes agentes y sus ideas, ahogando la innovación.

De nuevo, de manera como he ido haciendo a lo largo de este artículo, insistiré en el hecho que la innovación en Internet no se limita al campo del desarrollo de software. La innovación abarca todos los ámbitos, sean más o menos llamativos.

Teniendo en cuenta lo dicho hasta ahora, podríamos concluir que la innovación es producto en la mayoría de los casos de procesos cooperativos de interacción entre individuos e ideas. Dado que Internet es un medio que favorece estas interacciones de manera libre, abierta y multidireccional, se obtiene que Internet favorece la innovación. No obstante, que Internet aporte el medio propicio para que se dé la cooperación no explica por qué ésta tiene lugar. Que algo sea posible no significa que necesariamente tenga que suceder.

Así, parece que volvemos al inicio. No obstante, se ha pasado por alto un elemento.

Al hablar de innovación debe tenerse en cuenta el concepto de creatividad. Richard Florida define creatividad como “la capacidad de generar nuevas ideas y formas mejores de hacer las cosas” (Florida, 2010: 11). Así, la creatividad sería el surgimiento de la idea, mientras que la innovación sería la aplicación práctica de esta idea.

A ese respecto, Daniel H. Pink (2009) en un trabajo recopilatorio sobre experimentos llevados a cabo desde el ámbito de la psicología relativos a la motivación de las personas, nos muestra cómo en tareas que requieren cierto grado de creatividad, las motivaciones extrínsecas (recompensas materiales, principalmente) no funcionan e, incluso, pueden llegar a ser contraproducentes. Por el contrario, las motivaciones intrínsecas (autonomía, realización personal, la búsqueda de una finalidad) son la base necesaria de cualquier trabajo creativo.

Sobre esta base, en situaciones que requieren soluciones creativas e innovadoras, las motivaciones intrínsecas pueden guiar las elecciones “racionales” de los individuos. Así, a la pregunta de por qué las personas aportan abiertamente sus trabajos creativos a través de Internet al resto de la comunidad, la respuesta sería la motivación intrínseca.

Pero de hecho, Internet no sólo ofrece un medio donde de manera libre y poco costosa las personas pueden exponer su creatividad sabiendo que si ésta es valiosa puede llegar a millones de personas, sino que también es el foro en el que uno puede recoger los frutos de la creatividad de otros, algo que, a su vez, servirá para nutrir la propia creatividad.

Se trata, así pues, de una cooperación indirecta y no intencionada. Indirecta porque todo el mundo puede beneficiarse de la creatividad de los otros, pero sin establecerse un intercambio directo con un individuo concreto. Y es una cooperación no buscada porque lo que motiva que las personas publiquen sus innovaciones es, justamente, publicar sus innovaciones, dar salida a su creatividad. La cooperación y la innovación, en última instancia, surgen de la combinación de todas esas motivaciones individuales. Expresado en otras palabras, los micromotivos se combinan para formar una macroconducta (Johnson, 2001).

Fuera de Internet y de otros medios privilegiados de intercambio libre de ideas, como las universidades o centros de investigación, las estructuras controladas, burocráticas y jerárquicas ahogan la creatividad. Allí son las cúpulas o las personas asignadas a la tarea de crear las que tienen mayores posibilidades de dar una salida a sus ideas. Lo que se espera y acepta de los demás es que lleven a cabo las ideas surgidas o que las adquieran.

¿Significa esto, pues, que Internet consigue subvertir el orden del mundo exterior? No del todo. De hecho, son las cúpulas de esa jerarquía las que acaban permitiendo que las mejores ideas expuestas en Internet, aquellas que mayor éxito han tenido entre la comunidad, se vean materializadas y puedan institucionalizarse.


REFERENCIAS

CASTELLS, Manuel (2001) La Galaxia Internet. Madrid: Plaza & Janés Editores

FLORIDA, Richard (2010) La clase creativa. Madrid: Paidós

JOHNSON, Stephen (2011) Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación. Madrid: Turner Publicaciones

JOHNSON, Stephen (2001) Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Madrid: Turner Publicaciones

OSTROM, Elinor (1998) “A Behavioral Approach to the Rational Choice Theory of Collective Action”. The American Political Science Review, Vol. 92 (1): 1-22.

PINK, Daniel H. (2009) La sorprendente verdad sobre qué nos motiva. Barcelona: Gestión 2000

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