Internet ha evolucionado mucho desde sus inicios, pero la evolución más notoria ha sido el paso de la Web 1.0 a la Web 2.0. ¿A qué nos referimos con lo de 2.0? Veamos qué dice la fuente más adecuada para este tema, Wikipedia:

“El término Web 2.0 está asociado a aplicaciones web que facilitan el compartir información, la interoperabilidad, el diseño centrado en el usuario y la colaboración en la World Wide Web. Ejemplos de la Web 2.0 son las comunidades web, los servicios web, las aplicaciones Web, los servicios de red social, los servicios de alojamiento de videos, las wikis, blogs, mashups y folcsonomías. (…) El término no se refiere a una actualización de las especificaciones técnicas de la web, sino más bien a cambios acumulativos en la forma en la que desarrolladores de software y usuarios finales utilizan la Web (Wikipedia).

La revolución 2.0 no se refiere, por lo tanto, a avances tecnológicos (que han sido enormes), sino a la manera como las personas utilizan Internet.

En el modelo anterior, el usuario era un espectador aislado que consumía lo que el fabricante le exponía a través de Internet. En aquella época, recuerdo haber consultado los sitios web de enciclopedias, de museos, bibliotecas, instituciones, etc., para acceder a la información que me interesaba. Para saber cómo funcionaba un producto, iba a la web del fabricante. Cuando quería saber cómo funcionaba Word, buscaba un manual de Windows. Cuando quería conocer la obra de un pintor, acudía a la página oficial.

Eso es lo que hacíamos antes y eso es lo que continúan haciendo aquellas personas que se introducen por primera vez en Internet.

Sin embargo, ¿qué es lo que hacemos ahora? Si queréis saber cómo paginar en Word, ¿dónde acudís, a la página oficial de Windows o a algún foro? Si queréis saber las últimas novedades de la próxima película sobre El Hobbit, ¿dónde iréis, a la página de la película o a algún portal de fans de El Señor de los Anillos? Si queréis saber cómo cocinar un pudding, qué haréis, ir al web de Arguiñano o al blog de…?

Evidentemente, para convertirse en un experto en algún tema, siempre deberemos recurrir a la fuente más prestigiosa y respetada, los libros. Pero la gente no necesita ser un experto en todos los temas y, además, cada vez más expertos publican sus conocimientos en Internet (aunque si queréis tener toda la información tendréis que comprar su libro).

No. La información y el conocimiento ya no son monopolio de instituciones. La red, el conjunto, ha demostrado ser más eficiente. Como dijo Pierre Lévy, “Nadie lo sabe todo, pero todo el mundo sabe algo“. Esa es justamente la fuerza de la Web 2.0: la colaboración entre conocimientos parciales ha creado un conocimiento completo que no cesa de perfeccionarse.

La estructura de Internet, basada en la interacción y la comunicación libre, abierta y bidireccional entre todos los nodos de la red es lo que ha permitido poner en contacto todos esos pequeños conocimientos que antes estaban aislados y que nos hacían a todos más ignorantes y dependientes de monopolios del saber poco eficientes.

¿Por qué son poco eficientes los “monopolios del saber”? Por dos razones. Primero, porque sólo invierten recursos en aquellos conocimientos que creen que les reportarán beneficios. Segundo, porque es imposible saberlo todo.

La respuesta primera de estos monopolios ante las redes de conocimiento ha sido oponerse, ya que son vistas como competencia. Craso error. ¿Ha perdido Windows un solo dólar porque los foros sobre Office 2010 sean más utilizados que su pésimo portal de soporte técnico? No.

De hecho, lo que ha sucedido es todo lo contrario. Los foros han permitido que Windows dedique menos recursos a un portal poco útil y que daña su imagen y, además, permiten que los usuarios resuelvan sus dudas y, por lo tanto, continúen utilizando Office 2010.

Lo verdaderamente sorprendente de todo esto es el hecho de que la gente colabore de manera espontánea a través de Internet y que el fruto de esa colaboración sea más eficiente que una gestión pautada por alguna autoridad. Bueno, tal vez no tan sorprendente.